Hoy me senté en la orilla de un edificio con un cigarrillo en la boca para acompañar el dolor de estomago que me estremecía cada vez que recordaba su voz.
Entonces me puse a imaginar cada momento de su vida cuando fuera libre… libre de respirar la resequedad de la vida.
Una ventana; aun es oscuro y las escazas luces provienen de los carros, se siente el vacio del frió que acostumbra dar a las 5 de la mañana, ella está acostada, su ojos aun no se dan a conocer, las sabanas tallan su cuerpo, y él la abrazaba con celo del sol que pronto la enamoraría como lo hace todas la mañanas, su cara es de satisfacción por la vida que no la molestaba, sino que al contrario, admiraba su piel.
5:36 de la mañana, un beso, tan sólo un beso en su frente y ella empieza a reconocer el mundo, su boca, su delicada boca, pedía a gritos amar, el aliento de su cuerpo aromatizar la habitación, y como era lógico, el sol, un amante más, se acerca tocando la ventana vigilando cada movimiento que ella entona con su cuerpo.
Su sonrisa, su puta sonrisa... Me es difícil seguir acá… Hace frío y estoy temblando, tengo que huir de mi cabeza.
Continuara algún día…
Como quisiera acabar con todas las barreras que impiden escuchar sus ojos aliviados.